Los estilos de vida modernos

November 23, 2012 in Blog de Sociología, Uncategorized by mario

El estudio de los estilos de vida modernos, y los estilos de vida saludables paralelamente, no son muy antiguos, en las últimas décadas se han hecho más avances que en los cien años anteriores, y podríamos aunar los resultados de todos estos estudios en unas cuantas evidencias empíricas en las que han coincidido todos ellos. Desde la Revolución Industrial y hasta nuestros días, se ha venido produciendo una continua revolución social, una serie de cambios en la organización y la estructura de las sociedades occidentales, y en los últimos años también en muchos países en vías de desarrollo; los avances tecnológicos, de los medios de comunicación, los cambios en el modo de producir y también de consumir, es decir, todo lo que conocemos como postmodernidad, no sólo ha tenido consecuencias en el modo de vida, sino también en la calidad de ésta, tanto a nivel comportamental, como emocional, como físico. En las últimas décadas se ha dado constancia de una serie de malestares denominados “enfermedades de la civilización”, que no son más que ciertas patologías asociadas al nuevo modo de vida imperante, algunas de éstas son la obesidad, la anorexia o ciertas dolencias cardíacas o respiratorias debido a los alimentos tratados o la contaminación, entre otras enfermedades y factores.

En el mundo actual, refiriéndome a los países desarrollados, el modo de vida sedentario y acomodado es el imperante, la tecnología y los medios de transporte han colaborado en gran medida a este sedentarismo, las tareas cotidianas que antes requerían un cierto grado de esfuerzo físico hoy se llevan a cabo mediante un ordenador o una llamada telefónica; además la mala alimentación producto de una industria alimentaria global diseñada para generar ingentes cantidades de “alimento” con el menor costo posible al más puro estilo fordista, se suma a la lista de factores externos que perjudican nuestra salud; por ello el cambio social se percibe en cierto modo, a la vez que beneficioso, perjudicial para el estado psicofísico de los individuos; así, la historia de la evolución técnica y social es también la historia del distanciamiento y la dejadez del cuerpo y por ende, de la salud.

Debemos tener en cuenta un aspecto muy importante y es, considerar al sujeto como generador y controlador de su propia salud. Un entrenamiento físico adecuado puede producir una mejora profunda de las funciones esenciales para mantener la buena forma física (autonomía e independencia) en edades avanzadas, posponiendo el deterioro físico con efectividad entre 10 y 20 años (Odrizola, J.M. 1986).

Como se ha mencionado, existen numerosos estudios médicos que avalan la efectividad del deporte a la hora de mejorar notablemente la calidad de vida y también la duración de la misma en las personas. Algunos de sus efectos psicofísicos más inminentes son: reducción del estrés, mejora del estado de ánimo, disminución de la ansiedad y la depresión, incremento de la autoestima, mejora del autoconcepto, mejora los resultados académicos, la asertividad, la estabilidad emocional, la independencia, el locus de control interno, la memoria, o la eficacia en el trabajo, ayuda a conciliar y mejorar la calidad del sueño, disminuye el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, ayuda a mantener y mejorar la fuerza y la resistencia muscular, y se ha observado también que aquellas personas físicamente activas suelen vivir más que las que no lo son; además existe un componente económico indirecto y es que el gasto sanitario se vería notoriamente disminuido si la gente tomara conciencia del deporte y comenzara a llevar un estilo de vida más saludable, como respuesta a la gran cantidad de estímulos nocivos que recibe nuestro cuerpo del mero hecho de vivir en las ciudades.

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