¿Por qué la Gioconda sonríe con la boca cerrada? (II)

April 23, 2012 in Sociología otros temas by Alvaro Santana Acuña

París, 1729. Un joven descamisado, con la cara desencajada de dolor y la mejilla derecha hinchada, cruza el Sena hacia la Isla de la Cité atravesando el Pont Neuf. No va camino de la guillotina, para estrenarla todavía faltan sesenta y tres años, pero ni siquiera el terrorífico corte fulminante de la cuchilla triangular le habría causado un suplicio tan prolongado y doloroso. Al llegar a la explanada en medio del puente se detiene junto a la estatua de Enrique IV a caballo. De repente, abalanzándose por encima de un pelotón de cabezas con peluca, le llega el grito de una voz viril animándole a que se acerque. Esa voz, que en las mañanas diáfanas y silenciosas puede escucharse en ambos extremos del puente, pertenece al Gran Tomás, un gigantón, con cara de luna llena y manos como tenazas, dedicado al arte de sacar muelas, las cuales exhibe como trofeos del dolor arrancados de las bocas desconsoladas de hombres y mujeres.

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